Ella había encontrado su escondite. Creció con la inminente sensación bipolar de permanecer allí a salvo de la locura, sin que nadie la encuentre nunca jamás y por favor que alguien la encuentre alguna vez para no enloquecer.
El resultado era similar. Supo reducir la sensación de inadecuación a un malestar en su esternón. Allí, acotado, vedado, limitado, se encontraba el grito de haber sido descubierta tanto en un aspecto como en el otro. Era un grito capturado. La garganta debía permanecer anudada.
Era una niña. Tenía aspecto cálido y oscuro al mismo tiempo, era suave y rugosa, única en el mundo y celosa, bestia criminal y amorosa.
Solo un aspecto había logrado sucumbir al olvido, una especie de limbo, del orden de lo no realizado, aún así olvidado. lo cual implica cierta existencia.
Hoy ya no existe tal lugar. Esa instancia reparadora en toda medida, donde ella se escondía ya no está. Desapareció. Quiero decir lo que velaba, en todo sentido del termino velar, su acepción más referida a lo que ha sabido encubrir y también cuidar. Rompiendo en este punto quizá con una tradición mexicana. Ella no es mexicana. La tradición es bonita, dice algo así como que existe una especie de huipil, típico de Oaxaca, con el que te cubren al nacer y luego te acompaña durante toda la vida en momentos importantes de mucha tristeza, de mucha alegría, hasta llegado el momento de la muerte y siendo él mismo el que cubre el cajón que contiene el cuerpo, no más que el cuerpo.
Ese huipil, que elijo para representar el velo, es de un color rosado, una especie de fuxia, logrado con el tinte natural de la cochinilla. Ese huipil ya no está. Ya no cubre. Ya no vela. Ya no protege del frío ni del sol. Ya no cuida ni consuela.
Qué fue de él? nunca lo sabremos. Un día, desapareció, en verdad, se desintegro. Ya no existe, es supongo del orden de lo irrecuperable.
Y lo desvelado... asusta. Es terrorífico. Es la locura. El desborde. Y aparece de noche...
jueves, 24 de agosto de 2017
sábado, 1 de julio de 2017
Mañana
De repente
se ven los hilos. Un entramado complejo,
harto enmarañado, del orden de lo no sabido.
Y el enredo. Tan rebuscado, tan
desatinado, obstinado, mentiroso, iluso y verdadero.
Me
encuentro un tanto des-velada, en el sentido en el que se han caído los
velos. Por demás des-amorada.
Necesito armar ficción de nuevo. Urgente.
Se puede
escribir una novela así? Tan
patética? Con el ánimo tan agitado? Tan
agrietado?
Sería un
cuento de terror. Los hilos negros sobre
un fondo blanco.
De todos modos, lo intentaría. Esto se parece mucho a la muerte, esa imagen fugaz que no termina nunca. No esta tan mal igual, podría ser peor. Hay como en el caso del cuento de Blancanieves, un atisbo, una señal. Todavía no puedo pesquisar de qué. Pero hay las ganas!
No es tan trágico finalmente. Es esa muerte que impulsa a la vida. Esa pava sensación que tenemos a veces de sentirla muy pronta y querer aprovechar el día. Y entonces proyectamos para aletargarla, amamos para despistarla, soñamos para hacerle creer que estamos despiertos. Armamos ficción.
Mañana tal vez.
Este Blog
Leyendo Blancanieves, una
edición moderna con una ilustración oscuramente genial, encontré parte de la
inspiración, junto con otros sucesos de mi vida, para crear este blog. Allí un personaje manipulado por unos hilos,
intenta matar a Blancanieves. En medio
del bosque, se apiada y no puede. Me
interesó sobremanera esta pequeña escena, donde un atisbo de piedad abre un
margen de libertad, cortando los hilos que rigen el mal.
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