sábado, 19 de junio de 2021

 ¿Por qué escribir?  Porque cada vez que siento una tristeza profunda pienso que al menos puedo escribirla y siento inmediato alivio.  Porque hace mucho advertí que mi memoria tiene serios problemas y me asusta perder todo recuerdo, que no quede ninguno para contarle a mis hijos y pienso que tal vez pueda escribir cada día o cada tanto y siento inmediato alivio.  Porque por lo menos el ochenta porciento de las cosas que pienso caerían mal, muy mal, entonces las callo y callo mucho últimamente, entonces pienso que las podría dejar escritas en algún lugar y siento además de un alivio inmediato, cierta justicia.

Hoy es el día 1 de todo esto que pienso.  Me interesa fecharlo, no se bien porque.  Hoy es 18 de Junio de 2021.  Estamos en pandemia (me parece un dato importante).

Es además viernes, un día tranquilo para mi.  Atiendo un poco a la mañana y tengo la tarde libre,  Hoy atendí a une paciente nuevo, trans no binario, dice que se llama Miau y que no se identifica con el genero femenino, aunque es su sexo, ni con ningún otro.  Me quede pensando dos cosas; qué raro suena esto de identificarse con lo femenino o no hacerlo, teniendo en cuenta que sabemos casi nada de que se trata esa locura y la segunda cosa es que bueno que le toque de analista, dado que no entiendo de que me esta hablando y es el mejor lugar para no comprenderle tan rápidamente y tenga que explayarse, hablar.  Los argumentos que no tengo no la interrumpirán para decir una idiotez, porque al final de todo, quién sabe?

Luego fui a comprar el regalo del día del padre,  Esto de haber tenido hijos con dos hombres distintos resulta en esta fecha un incordio logístico, monetario y cierta tristeza.  A eso se le suma mi padre.  Por suerte tanto a uno como al otro le encanta la gastronomía, así que resolví todo en un mismo local.  Mi papa no cocina.  

Alguna vez dejare de sentir esta tristeza?




miércoles, 27 de noviembre de 2019

Ficción II


Sigue escondida pero cada tanto asoma al espejo.  El espejo es siniestro. Refleja lo que ella hubiera querido ser.  
Hoy les presentamos: 7 años de mala suerte.
El reflejo de lo que ve en el espejo es nada más y nada menos que una otra, dedicada al arte.  No mucho más.  Si no se adentra el espejo, reluce, brilla tan horriblemente tanto, que ella queda obnubilada, en el destello empequeñecida, y en su interior atormentada.  Que chota función del ideal.  
Reflejo del despliegue infinito de talento y posibilidad, la transformación, la belleza, la rareza, lo original.  Qué más se puede ser?
Pasos de baile lujuriosos, fragmentos de textos bien escritos, dibujos repletos de detalles, locuciones militantes, diseño, fotografía.  A veces, el canto, la música.  Ay! Que dolor le genera! Que poca cosa se siente, que paso torpe de qué comedia!
El espejo le devuelve una inasible, inasequible, inalcanzable, inmaculada imagen de otra que no es.  
Se adentra.  El espejo se rompe.  No lo rompe ella o si lo rompe ella.  Se inclina a pensar que esta roto, de por sí, ella lo completa para dañarse a si misma o al revés, se daña a sí misma para completarlo.  Hay depresión en la rotura y estupidez tremenda, un poco de egocentrismo y exacerbación berreta, nadie querría verla, entonces los pasos de baile, la música, el canto...
Que disyuntiva, ¿Reduce o eleva? Si reduce todo es muy choto pero la elevación es angustia.  Aunque a veces todo sucede sin que ella intervenga.   El espejo se hace añicos. Y ya no queda nada, hasta el otro día.

jueves, 24 de agosto de 2017

Ficción I

Ella había encontrado su escondite.  Creció con la inminente sensación bipolar de permanecer allí a salvo de la locura, sin que nadie la encuentre nunca jamás y por favor que alguien la encuentre alguna vez para no enloquecer.
El resultado era similar.  Supo reducir la sensación de inadecuación a un malestar en su esternón.  Allí, acotado, vedado, limitado, se encontraba el grito de haber sido descubierta tanto en un aspecto como en el otro.  Era un grito capturado.  La garganta debía permanecer anudada.
Era una niña.  Tenía aspecto cálido y oscuro al mismo tiempo, era suave y rugosa, única en el mundo y celosa, bestia criminal y amorosa.
Solo un aspecto había logrado sucumbir al olvido, una especie de limbo, del orden de lo no realizado, aún así olvidado. lo cual implica cierta existencia.
Hoy ya no existe tal lugar.  Esa instancia reparadora en toda medida, donde ella se escondía ya no está.  Desapareció.  Quiero decir lo que velaba, en todo sentido del termino velar, su acepción más referida a lo que ha sabido encubrir y también cuidar.  Rompiendo en este punto quizá con una tradición mexicana.  Ella no es mexicana.  La tradición es bonita, dice algo así como que existe una especie de huipil, típico de Oaxaca, con el que te cubren al nacer y luego te acompaña durante toda la vida en momentos importantes de mucha tristeza, de mucha alegría, hasta llegado el momento de la muerte y siendo él mismo el que cubre el cajón que contiene el cuerpo, no más que el cuerpo.
Ese huipil, que elijo para representar el velo, es de un color rosado, una especie de fuxia, logrado con el tinte natural de la cochinilla. Ese huipil ya no está.  Ya no cubre.  Ya no vela.  Ya no protege del frío ni del sol.  Ya no cuida ni consuela.
Qué fue de él? nunca lo sabremos.  Un día, desapareció, en verdad, se desintegro.  Ya no existe, es supongo del orden de lo irrecuperable.

Y lo desvelado... asusta.  Es terrorífico.  Es la locura.  El desborde.  Y aparece de noche...

sábado, 1 de julio de 2017

Mañana

De repente se ven los hilos.  Un entramado complejo, harto enmarañado, del orden de lo no sabido.  Y el enredo.  Tan rebuscado, tan desatinado, obstinado, mentiroso, iluso y verdadero.
Me encuentro un tanto des-velada, en el sentido en el que se han caído los velos.  Por demás des-amorada. 
Necesito armar ficción de nuevo.  Urgente.
Se puede escribir una novela así?  Tan patética?  Con el ánimo tan agitado? Tan agrietado?


Sería un cuento de terror.  Los hilos negros sobre un fondo blanco.

De todos modos, lo intentaría. Esto se parece mucho a la muerte, esa imagen fugaz que no termina nunca.  No esta tan mal igual, podría ser peor.  Hay como en el caso del cuento de Blancanieves, un atisbo, una señal.  Todavía no puedo pesquisar de qué. Pero hay las ganas!

No es tan trágico finalmente. Es esa muerte que impulsa a la vida. Esa pava sensación que tenemos a veces de sentirla muy pronta y querer aprovechar el día.  Y entonces proyectamos para aletargarla, amamos para despistarla, soñamos para hacerle creer que estamos despiertos.  Armamos ficción.


Mañana tal vez.





Este Blog

Leyendo Blancanieves, una edición moderna con una ilustración oscuramente genial, encontré parte de la inspiración, junto con otros sucesos de mi vida, para crear este blog.  Allí un personaje manipulado por unos hilos, intenta matar a Blancanieves.  En medio del bosque, se apiada y no puede.  Me interesó sobremanera esta pequeña escena, donde un atisbo de piedad abre un margen de libertad, cortando los hilos que rigen el mal.

Las palabras claves si tuviera que definir el sesgo que adquiere este blog para mi, serían: ficción, montaje de escena, el Otro, los hilos, uno, el espectador, la víctima, el enredo, la trampa, el deseo, la infancia, el anudamiento. La verdad. 




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Leyendo Blancanieves, una edición moderna con una ilustración oscuramente genial, encontré parte de la inspiración, junto con otros suceso...