miércoles, 27 de noviembre de 2019
Ficción II
Sigue escondida pero cada tanto asoma al espejo. El espejo es siniestro. Refleja lo que ella hubiera querido ser.
Hoy les presentamos: 7 años de mala suerte.
El reflejo de lo que ve en el espejo es nada más y nada menos que una otra, dedicada al arte. No mucho más. Si no se adentra el espejo, reluce, brilla tan horriblemente tanto, que ella queda obnubilada, en el destello empequeñecida, y en su interior atormentada. Que chota función del ideal.
Reflejo del despliegue infinito de talento y posibilidad, la transformación, la belleza, la rareza, lo original. Qué más se puede ser?
Pasos de baile lujuriosos, fragmentos de textos bien escritos, dibujos repletos de detalles, locuciones militantes, diseño, fotografía. A veces, el canto, la música. Ay! Que dolor le genera! Que poca cosa se siente, que paso torpe de qué comedia!
El espejo le devuelve una inasible, inasequible, inalcanzable, inmaculada imagen de otra que no es.
Se adentra. El espejo se rompe. No lo rompe ella o si lo rompe ella. Se inclina a pensar que esta roto, de por sí, ella lo completa para dañarse a si misma o al revés, se daña a sí misma para completarlo. Hay depresión en la rotura y estupidez tremenda, un poco de egocentrismo y exacerbación berreta, nadie querría verla, entonces los pasos de baile, la música, el canto...
Que disyuntiva, ¿Reduce o eleva? Si reduce todo es muy choto pero la elevación es angustia. Aunque a veces todo sucede sin que ella intervenga. El espejo se hace añicos. Y ya no queda nada, hasta el otro día.
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